lunes, 25 de abril de 2011

ADULTOS PARA LA INFANCIA

¿De que manera podemos concientizar a los niños y niñas para no ser un objeto de consumo sin influir nuestra manera de ver el mundo en sus decisiones?

Es natural, en nuestra sociedad, que estemos al tanto de los cuidados que necesitan las nuevas vidas humanas que llegan a nuestro mundo, los protegemos y satisfacemos  las necesidades que con ellos nacen, las biológicas,  pero el crecimiento y protección de esos niños se encuentra mediada por nuestros intereses, los de los ya adultos, quienes a pesar de habernos encontrado en la misma situación, la de niños, nos hemos olvidado de los verdaderos intereses que pretenden ellos o los adaptamos a los nuestros, pues los supuestos intereses de ellos coinciden con el beneficio de otros, adultos. En el recorrido de la historia siempre los niños se han desarrollado y han establecido sus ideas y pensamientos bajo la dependencia de los adultos, pues como ellos son débiles e inexpertos nos aprovechamos de dichos motivos para sacar fruto de su vida muchas veces sin tener en cuenta lo que ellos piensen y su visión del mundo. Estamos empecinados  en preparar al niño para su adultez, aunque a otros no les convenga, nos adelantamos hacia el futuro donde ese niño ahora adulto será un nuevo productor y no permitimos que los niños sean niños, “niños y niñas como adultos pueden ser sacados de su condición pasiva y engrosar las filas de los sujetos productivos o explotados”.[1] Nunca hemos permitido que algún grupo de niños vivan y crezcan sin la mano de un adulto, pero a caso no lo hacemos para su cuidado, porque si no los acompañamos durante su crecimiento cómo ellos van a conocer todo lo que nosotros sabemos ahora, “lo propio queda subsumido en la idea de que los adultos saben interpretar lo que niños y niñas […] quieren y proyectan en lo común”[2], nuestras ideas están reflejadas en las de los niños porque desconfiamos de su capacidad para conseguir y surtirse de conocimientos y crearse como seres críticos, les transmitimos todos nuestros terrores o pareceres para que generen ideas o tal vez soluciones para nuestros conflictos y se protejan de ellos y por tanto a nosotros los adultos, quienes esperamos de ellos la salvación y debemos distanciarlos de los adultos que esperan de ellos la consumición entonces se “entiende que niños y niñas representan en si un avance, un progreso, respecto a la condición y al ejercicio ciudadano de la generación anterior”[3], esperamos que los niños enmienden  nuestros errores. Es por esta protección sobre ellos que nuestros criterios los instauramos en los niños y son estos la base para que ellos funden su pensamiento crítico frente a la sociedad y el mundo  que los adultos les vamos dejando, es importante entonces que los alejemos, con argumentos, de lo que tanto les atrae producto de los medios de comunicación, industrias, quienes se encargan de crearles sus intereses bajo los intereses financieros de ellos, que no están interesados en que los niños conozcan y desarrollen sus propios criterios sino los de ellos que se manifiestan en cada producto, del tipo que sea, que lanzan para el gusto y desarrollo de los niños, claro está un desarrollo a favor de aquellos que los ofrecen. Por estas razones, la de nuestros intereses económicos o de enmendación de nuestros errores, los niños no crean un pensamiento crítico sin la intromisión del mundo adulto, porque se hace necesario que entiendan lo que les dejamos de lo que hicimos nuestro mundo ahora suyo, entonces la construcción de su criterio está basada en la del nuestro establecido


[1] MARINAS José Miguel, Infancia , ciudadanía y medios de comunicación, 2006, pág. 162
[2] MARINAS José Miguel, Infancia , ciudadanía y medios de comunicación, 2006, pág. 164
[3] MARINAS José Miguel, Infancia , ciudadanía y medios de comunicación, 2006, pág. 164

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